La Unión Europea lleva tiempo en el centro de las polémicas relacionadas con la hegemonía de Alemania, las políticas económicas (fiscales y monetarias impuestas) y las dificultades de países como Grecia, Portugal, Italia y España.
A nosotros los italianos muy a menudo nos parece que solo nos hemos llevado "lo malo" de esta unión, que frecuentemente nos crea problemas también en lo que respecta a la protección de nuestros productos típicos.
El último golpe recibido es la reforma del sector vitivinícola que permite elaborar vino… ¡sin uva! Entre los stands presentes en el Vinitaly, de hecho, también estaba el de una empresa húngara que mostraba "vinos" producidos mediante la fermentación de frutas distintas a la uva, como frambuesas y grosellas. Según la Coldiretti, se trataría de un atropello a un producto que siempre ha sido elaborado, desde la antigüedad, con uva.
Se perjudica a los productores, a los consumidores y, sin duda, se facilitan los fraudes. La situación se vería agravada, también según la Coldiretti, por el permiso de poder incluir en la etiqueta, para los vinos de mesa, términos como Prosecco, Aglianico, Montepulciano; lesionando claramente los intereses de cantine y consumidores.
En definitiva: estamos en el camino hacia el caos.





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