Vinitaly, la mayor kermesse del vino en Italia, quizás en el mundo. Es posible encontrar allí a los productores, beber sus vinos de añada. Ya es más difícil toparse con una vertical de Barolo Riserva de Borgogno. Degustar luego un Barolo Riserva Borgogno de más de treinta años es prácticamente imposible. Y sin embargo, eso es lo que intentaremos contaros.
Pero ¿qué significa Borgogno? ¿Por qué su nombre impone cuando menos respeto?
La bodega fue fundada por Bartolomeo Borgogno en Barolo en 1761. Cien años después, el Barolo Borgogno fue elegido para el almuerzo celebrativo de la Unidad de Italia. La bodega permaneció en manos de la familia hasta finales de 2007, cuando fue adquirida por Oscar Farinetti, quien continúa su increíble historia. Una historia hecha de tradición, en la que la Riserva es fruto de ensamblajes de uvas procedentes de los distintos crus de la bodega (principalmente Cannubi, Liste y Fossati, todos en el municipio de Barolo), donde las podas en viñedo son particularmente severas, con la eliminación de los racimos en exceso y la drástica selección de la uva recolectada. Largas las maceraciones, largas las crianzas en grandes barricas de Eslavonia y en botella: el milésimo 2008 que degustamos acaba de salir prácticamente al mercado.
El enólogo Danilo Drocco nos guió en la feria en el stand de la bodega en una degustación de las añadas 2008, 1998 y 1982. Veamos cómo fue.
Barolo Riserva 2008
Es el Barolo de la primera vendimia de Oscar Farinetti como propietario. La floración se produjo en línea con los tiempos tradicionales, seguida de condiciones climáticas primaverales óptimas. Luego el tiempo empeoró notablemente con lluvias y un descenso de las temperaturas respecto a las medias. Sin embargo, el trabajo en el viñedo permitió aumentar la calidad de las uvas, gracias también a la mejora climática que se produjo desde mediados de julio hasta todo octubre. En conjunto, una gran añada.
El vino se caracteriza por un color granate con destellos rubí, con la típica transparencia y luminosidad de los grandes Nebbioli. En nariz todavía está cerrado, se abre lentamente con tonos de fruta roja fresca, frambuesa y arándano, florales con la violeta muy destacada. Luego una ligera especiación de clavo, sotobosque con un cierre de regaliz. En boca percibimos enseguida la prevalencia de los componentes duros sobre los suaves. Relevante la estructura tánica, con una evidente vena fresco-salina y un final largo. Es aún muy joven y austero, con el potencial de evolución típico de las Riserve de Borgogno.
Barolo Riserva 1998
Considerada una gran añada y caracterizada por un buen comportamiento climático. El invierno fue frío y la primavera lluviosa. El verano cálido y seco permitió una excelente maduración de la uva. Los meses de septiembre y octubre, con grandes oscilaciones térmicas entre la noche y el día, favorecieron el desarrollo del perfil aromático de las uvas.
Se muestra con una vestimenta rojo-granate transparente con ribete apenas anaranjado. Nariz no del todo abierta con matices minerales, de rosa y violeta, luego afrutados de guinda y cereza en aguardiente. Después percibimos regaliz y menta, quina y nítidas notas tostadas de café. En boca el perfil es muy similar al 2008, con una acidez punzante que vehicula retornos de regaliz y balsámicos, con un tanino importante, muy bien presente. Muy larga la persistencia gusto-olfativa. Un Barolo de 17 años que acaba de iniciar su proceso de terciarización. Bellísimo.
Barolo Riserva 1982
Añada excepcional, con un largo invierno y un ciclo vegetativo inicialmente retrasado. La primavera suave y el verano cálido y seco, con un septiembre en el que se registraron temperaturas bastante elevadas, permitieron una excelente maduración de la uva.
Bellísimo el color granate-anaranjado del vino, límpido y transparente. Increíble el espectro olfativo que se expresa lentamente: rosa y violeta secas, corteza de quina y tabaco dulce, luego notas achocolatadas y balsámicas de ruibarbo. Después emergen los matices de sotobosque, musgo, cuero con lejanos retornos afrutados de confitura de guindas y frambuesas. En boca sorprende la vibrante frescura, los taninos sedosísimos con una suavidad que empieza a ser perceptible y una persistencia que se mide en minutos.
Un vino grandioso, maduro, en plena fase emocional, sin duda capaz de mantenerse así durante quién sabe cuántas décadas más. Porque para este ejemplar de 33 años no se puede hablar sino de perspectivas evolutivas todavía decenales. Un Barolo que nos permite viajar en el tiempo.
Y ahora no queda más que ir a visitarlos en la bodega.





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