VINOS TINTOS
  • 7 DE DICIEMBRE DE 2015
  • 5 min
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Mater Matuta 2011, el Aurora del Lazio

Mater Matuta es una antigua divinidad itálica, diosa del Aurora, protectora de la procreación y de la fertilidad. La veneración de esta divinidad era una práctica común en la Italia central, hasta el punto de que se le dedicó un templo en la antigua ciudad de Satricum...

Alessandro Genova

por Alessandro Genova
Catador solo por 24h

Mater Matuta 2011, el Aurora del Lazio

Mater Matuta es una antigua divinidad itálica, diosa del Aurora, protectora de la procreación y de la fertilidad. La veneración de esta divinidad era una práctica común en la Italia central, hasta el punto de que se le dedicó un templo en la antigua ciudad de Satricum, cerca de Le Ferriere, junto a Nettuno, a unos 50 km al sur de Roma. En la segunda mitad del siglo pasado, Dino Santarelli, fascinado por el Agro Pontino, fundó la bodega Casale del Giglio, precisamente en Le Ferriere y no lejos de Satricum.

Este territorio representaba, en comparación con otras zonas del Lazio e Italia, un entorno virgen desde el punto de vista vitivinícola, por explorar y donde eventualmente poder experimentar. Un territorio que, antes de los trabajos de saneamiento de hace casi un siglo, era una extensión de ciénagas y pantanos. La ausencia de un pasado enológico en la zona se convierte así en el estímulo determinante hacia la innovación de la naciente bodega. En 1985 se puso en marcha el proyecto de investigación y desarrollo Casale del Giglio, autorizado por la Concejalía de Agricultura de la Región Lazio. A través de esta experimentación se alcanzaron importantes resultados, entre ellos la plantación en los terrenos de la bodega de unos sesenta vitigni experimentales diferentes.

Los modelos de cultivo vitícola en los que se inspiraron estas investigaciones son los practicados en Burdeos, en Australia y en California, donde los viñedos están particularmente expuestos a la influencia del mar. Igual que el Agro Pontino, que se beneficia de la influencia del Mar Tirreno. Según la filosofía de Casale del Giglio, el desarrollo futuro de la vitivinicultura no reside únicamente en la consolidación de la imagen de algunas zonas de gran tradición, sino también en la consecución, mediante adecuadas elecciones vitícolas y enológicas, de producciones de alto nivel en territorios aún poco conocidos desde el punto de vista de su potencial cualitativo, vitícola y enológico.

Los primeros resultados importantes de estas investigaciones fueron validados por la Comunidad Europea con la autorización para el cultivo en la provincia de Latina, a partir de 1990, de nuevos vitigni recomendados como el Cabernet Sauvignon, el Chardonnay, el Petit Verdot, el Sauvignon, el Syrah, y posteriormente otros más. A día de hoy, Casale del Giglio ha reconvertido en espaldera todos sus 160 hectáreas de viñedo e introducido nuevas variedades caracterizadas por su alto grado de interacción cualitativa con el territorio.

Las uvas tintas Syrah y Petit Verdot, en menor proporción, introducidas gracias a la experimentación, contribuyen al ensamblaje del Mater Matuta, el vino del que hablaremos hoy y que toma su nombre de la antigua divinidad de la zona. Un vino que representa ya uno de los tintos del Lazio de mayor prestigio, en el que Syrah y Petit Verdot alcanzan tal armonía que estimula en nariz y en paladar hermosas sensaciones.

Las uvas de ambas variedades se recogen en óptimo estado de maduración, a veces con un ligero pasificado para el Syrah. La vinificación del Syrah se realiza mediante fermentación con levaduras indígenas usando la técnica del sombrero sumergido durante un período de 18–20 días, durante los cuales se llevan a cabo periódicos delestages, principalmente en las fases iniciales. De este modo, el Syrah aporta al Mater Matuta complejidad y carácter. El Petit Verdot, en cambio, se vinifica mediante el uso de pisones que permiten la máxima extracción de taninos y demás sustancias polifenólicas. Se produce así un Petit Verdot de gran estructura, muy apto para largas crianzas.

Tras un cuidadoso descube, donde el movimiento de los orujos se realiza únicamente por gravedad, los vinos se colocan por separado en barricas nuevas durante 22–24 meses. A continuación se ensamblan y se procede a un refinamiento adicional de 10–12 meses en botella.

Pasemos ahora a la cata del vino.

El color es rubí impenetrable, ligeramente granate en el borde, señal de una terciarización aún en fase inicial. Muy denso, forma lágrimas espesas que descienden con dificultad por las paredes de la copa. La nariz es amplia, con los aromas florales de violeta y los frutales que se suceden de manera armoniosa. Se perciben aromas de cereza y ciruela en confitura, luego marasca. Después afloran notas tostadas de cacao y café, un toque de tabaco, especiado de pimienta y canela con final balsámico. En boca percibimos la suavidad glicérica junto a un tanino finísimo. Luego emerge una vigorosa frescura que vehicula notas de regaliz y balsámicas en el larguísimo final.

Es un gran vino, sin duda longevo y para volver a degustar con el tiempo. Excelente en maridaje con platos a base de caza.

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