VINOS TINTOS
  • 3 DE DICIEMBRE DE 2016
  • 4 min
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Sfide 2012 La Madeleine, el otro Cabernet

Me encontré con Massimo D'Alema hace algunas semanas en Roma, durante el evento relacionado con la presentación de la Guida dei vini essenziali de Daniele Cernilli. Delante de mí algunos asistentes dialogaban con él sobre el referéndum. Cuando llegó mi turno...

Alessandro Genova

por Alessandro Genova
Catador solo por 24h

Sfide 2012 La Madeleine, el otro Cabernet

Me encontré con Massimo D'Alema hace algunas semanas en Roma, durante el evento relacionado con la presentación de la Guida dei vini essenziali de Daniele Cernilli. Delante de mí algunos asistentes dialogaban con él sobre el referéndum. Cuando llegó mi turno pregunté: - ¿Podemos hablar de vino? -

La sonrisa de D'Alema fue el preámbulo de una agradable conversación sobre la decisión de su familia de invertir en la bodega La Madeleine, en el corazón de Umbría, apostando especialmente por el cultivo y la vinificación de uvas alóctonas. Además, la dirección técnica de la bodega fue confiada a alguien que tiene más que algo que ver tanto con Umbría como con las variedades internacionales. Me refiero a Riccardo Cotarella que, además de ser el director de la bodega familiar Falesco, es sobre todo el inventor de muchos de los vinos más premiados de Italia, entre los que citamos simplemente el Montiano, producido en su propia cantina.

La Madeleine es una joven bodega, adquirida en 2008, que Linda y Massimo D'Alema gestionan en nombre de sus hijos Giulia y Francesco, quienes son los propietarios. La bodega comprende 15 hectáreas de terreno, de las cuales aproximadamente 6,5 están destinadas al viñedo. Las viñas se encuentran en colina, a una altitud de entre 200 y 300 m s.n.m., entre los municipios de Narni y Otricoli, en la provincia de Terni. La propiedad, en el momento de la adquisición, se presentaba en condiciones muy diferentes a las actuales: de la antigua bodega hoy solo queda el nombre, La Madeleine, elegido por los anteriores propietarios.

De los vinos –todos muy bien elaborados– me impresionó el quizás menos imponente y sin embargo para mí el más sugestivo. Tanto que, habiéndolo degustado nuevamente en una cena con amigos pocos días después de mi encuentro con D'Alema, no pude resistir la tentación de escribir sobre él. Hablamos de Sfide 2012, un Cabernet Franc en pureza, un vino elaborado sin adición de sulfitos. Un Cabernet producido siguiendo la loable técnica innovadora, compartida junto a otras bodegas, del proyecto Wine Research Team de Cotarella.

Sfide, como se ha dicho, se produce exclusivamente con uvas Cabernet Franc, variedad realmente poco utilizada en el panorama enológico nacional. La producción de Sfide sigue un protocolo particularmente riguroso, comenzando por los viñedos experimentales, que han sido plantados y cuya gestión agronómica se realiza en colaboración con la Università di Perugia. Los viñedos, que se conducen en Guyot con una densidad de 5400 cepas por hectárea, presentan una favorable exposición al este. Las uvas son seleccionadas y la vendimia, a mediados de septiembre, es únicamente manual con recogida en cajas de 5 kg. El rendimiento no supera los 60 quintales por hectárea.

La vinificación sigue los tratamientos del protocolo Wine Research Team, con el uso de las levaduras elegidas por ellos. Vinificación que, además, se realiza a temperatura controlada, en acero inoxidable y en ambiente reductor, de modo que se preserven al máximo los aromas varietales de la uva. Tras el desvinado y un posterior breve paso en acero, el vino madura en barrique de roble francés durante aproximadamente un año y durante otros 4 meses en botella, antes de ser comercializado. El añada degustada, el 2012, desarrolla 14 grados alcohólicos, con una acidez de 5 g/l y un extracto seco de 30 g/l.

Pasemos ahora a la cata.

Sfide 2012 se presenta con un color rojo rubí intenso, con vívidos reflejos violáceos. Al imprimir una rotación a la copa, forma lágrimas espesas y arcos muy juntos, signos evidentes de una notable estructura del vino. La nariz se abre inicialmente con un bouquet de flores rojas, que dejan rápidamente paso a aromas de fruta madura, mora y ciruela sobre todo. Poco a poco percibimos una nota verde, de hoja de tomate sobre un fondo de vainilla, conformando en su conjunto un cuadro olfativo bastante articulado. Boca coherente, que confirma la bella estructura del vino, con taninos aterciopelados y una buena frescura bien equilibrados por el alcohol y una gran suavidad. Final con retornos retroolfativos balsámicos.

Un vino que hemos apreciado en maridaje con un risotto alla carne di manzo e salsiccia di maiale, en el que la frescura del vino se ha casado bien con la tendencia dulce del arroz, mientras el tanino ha dominado la suculencia inducida de la carne. Un vino del que hemos apreciado especialmente la notable agradabilidad de beber y que puede proponerse acompañando carnes tanto como quesos o primeros platos. Capaz, por tanto, de acompañar una comida entera.

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