Etnella - Notti stellate 2010 Etna Rosso
Testaccio (RM), marzo 2014, Vini di Vignaioli, fue allí donde conocí a Davide Bentivegna de la azienda agricola Etnella, con viñedos en la zona nororiental del gran volcán activo: Presa, Linguaglossa y Passopisciaro, entre los 600 y los 1.000 metros de altitud, son las zonas de los viñedos propios sobre terrenos basálticos.
Davide tiene un aire alborotado y jovial, maneras sencillas y afectuosas, es algo caótico pero concreto al mismo tiempo; me hace probar sus vinos junto con otros amigos de copa y de escapada, y todo lo que él expresa como persona recién conocida lo encuentro en Notti Stellate 2010, un Etna rosso con predominio de Nerello Mascalese (90%) y el resto de Nerello Cappuccio (7%) y otras variedades autóctonas, afinado en barricas de tercer uso y trabajado en viña y en bodega con métodos absolutamente naturales.
La copa de este Etna es pura, sin arrogancia, sin sobrestructuras, franca, directa, a ratos descompuesta como la manera de moverse y gesticular de Davide, pero siempre con la sonrisa en los labios; no es una bebida de moda ni que corteja a la Bourgogne, no es nada de lo ya visto...
Rubí ligero, perfectamente transparente, sin ningún brillo extraño, sino esos reflejos de lava apagada; la primera nariz es aún vinosa, a ratos reticente a descubrirse, unos golpes de copa que oxigenan el líquido y enseguida se vuelve tridimensional: alquitrán, ceniza, canela, laurel y un maldito balsámico que aturde; luego esa lenta e inexorable "evolución hacia atrás", un oxímoron, hacia esas típicas notas frutales del vitigno: cassis, violetas silvestres, grosella negra y de nuevo ese mentolado de nepitella.
En boca, hace 6 meses era decididamente hosco pero por ello de un encanto extraordinario; hoy es un éxtasis beberlo: seco, austero, refrescante, con un tanino aterciopelado y sedoso aunque aún no domado, diría elegantísimo en su naturalidad expresiva; tiene toda la frescura de montaña de las viñas a 700 msnm y ese cierre mineral que redondea el círculo a la perfección; los matices alcohólicos son delicados y acariciadores, alargando todavía más la persistencia en degustación.
Transcurre rápido, es más, rapidísimo en la cavidad bucal, pero permanece largo tiempo en las papilas gustativas gracias a su terruñosa veracidad y a esos retornos retroolfativos de gran placer; un vino de mesa, para beber recién fresco de bodega a 16°, para disfrutarlo con personas de confianza, con compañeros serios, con los amigos de siempre...





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