Hay quienes no lo consideran vino porque deriva del cruce entre Vitis Riparia y Vitis Lambrusca y no Vinifera, y hay quienes lo recuerdan con placer como el vino de familia.
De color violeta impenetrable y aroma afrutado intenso, el vino Clinton no es precisamente un blasón, pero aun así es capaz de reivindicar sus características también en destilados de calidad.
Su territorio de elección es el Veneto, (llamado dialectalmente grintón), aunque sus orígenes están al otro lado del océano.
Desde América del Norte, el vino Clinton llega a Italia tras la aparición de la filoxera en el siglo XIX, insecto que destruyó gran parte de nuestro patrimonio ampelográfico.
Para evitar esta catástrofe se recurrió al injerto de la vid europea sobre raíz de vid americana, esta última resistente al parásito.
La producción del Clinto continuó persistiendo: destinado a las tabernas o relegado a producciones familiares, que aún hoy cultivan con amor "el vino del abuelo". El cultivo de esta uva no es para nada complicado, ya que no necesita cuidados ni tratamientos especiales en el viñedo y el rendimiento es siempre alto.
La cuestión se complica desde el punto de vista organoléptico, ya que el vino Clinto libera en el vino una sustancia olorosa bastante penetrante llamada "volpino". Por eso está prohibido también en los blends. Otra característica potencialmente dañina es el alto contenido de metanol, pero si se trabaja con cuidado el contenido de esta sustancia es irrelevante.
Relevante o no, de todos modos la ley prohíbe su producción, multando a las destilerías que lo emplean en la producción de destilados de fruta.
Los aficionados al género aún pueden disfrutar de alguna pequeña producción dispersa en otras regiones italianas, hasta en el Lazio.





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