Todavía tengo perfectamente claro el murmullo de los numerosos participantes que, curiosos, rodean los puestos de los productores: narices en la copa, sonrisas, preguntas e intercambio de comentarios; todo ello entre los aromas de las fantásticas piezas de pecorino de la empresa agrícola Valle Scannese, que si en un primer momento hacen pensar en la imposibilidad de percibir cualquier otro olor, solo logran hacer el ambiente más jovial e informal, porque luego en el vino, si la calidad existe, se nota: ¡y vaya si se nota!
Hace poco concluyó en Roma la "Natural Critical Wine – Vignaioli Artigiani Naturali", feria dedicada a los vinos naturales, una de las tantas valiosas herencias que nos dejó Luigi Veronelli, quien en el manifiesto fundacional del proyecto escribía: "Buscábamos el sabor de nuestra sensibilidad planetaria sin preocuparnos por su saber, quizás en la presunción de que ya teníamos un saber. Y entonces el primer acto de sensibilidad planetaria fue el de interrogar la relación entre los saberes y los sabores de la vida."
Sin duda, producir un buen vino biológico o biodinámico requiere un saber que es un conocimiento profundo del ecosistema vitícola para llevar uva hermosa y sana a la bodega, y la capacidad de transformarla en el tan amado vino de la manera más respetuosa posible, adoptando, por ejemplo, levaduras autóctonas y una dosis muy baja de sulfitos añadidos.
Es con esta ética con la que también trabaja Daniele Saccoletto, hombre cuyo rostro sincero, de ojos vivos y mejillas sonrosadas y manos de experto agricultor, habla tanto como sus "Vini pregiati del Monferrato Casalese", como él mismo prefiere especificar.
Al acercarse a su mesa de catas, lo primero que llama la atención es el cierre de las botellas: en todas se ha utilizado el tapón de rosca. En un país de antigua tradición vitícola acostumbrado al clásico tapón de corcho para los vinos de calidad, el hecho sigue siendo digno de mención y motivo de debate (por más que no resuelto). La baja dosis de sulfitos añadidos, de 20/40 mg/l, que tienen función antioxidante, podría ser ya un motivo válido para explicar la elección de un cierre hermético, además de que se elimina por completo la posibilidad del siempre acechante "olor a corcho".
El recorrido de degustación se articula a través de varias añadas de vinos producidos con uva Grignolino y Freisa, todos de excelente factura, frescos y equilibrados, con marcados aromas afrutados y florales, seguidos de cuatro versiones de Barbera respectivamente d'Asti y del Monferrato, propuestas en diferentes crianzas en acero o en barrica durante 24 meses. Personalmente, la combinación que más me entusiasmó lleva el nombre de "Tradizione", añada 2007, producido con uva Barbera d'Asti proveniente de las largas hileras de la "vigna della Minerva dei Frati" y criado en acero. Me gustó tanto que compré una botella, para degustarlo con calma y describírselo mejor. Seductor ya desde el sonido sordo que produce al servirse en la copa, el vino se presenta brillante con un color rojo granate ligero y con un ribete que vira hacia el naranja. El particular cierre que preserva del intercambio con el oxígeno hace que necesite más tiempo para "abrirse", pero el bouquet, ligeramente comprimido, aparece ansioso por expresarse y perfilarse en toda su complejidad. La rotación de la copa para facilitar la oxigenación deja lágrimas pequeñas y marcadas, recordándonos que estamos ante un vino con un 15 por ciento de volumen de alcohol.
En nariz, una apertura carnosa y hemática acompañada de reminiscencias de sotobosque otoñal cede pronto espacio a notas mentoladas y frescas que se abren hacia aromas de flores rojas marchitas, pimienta rosa, cerezas y ciruelas, todo ello amplificado por una nota etérea que recuerda al esmalte de uñas y por un corazón que perfuma a almendra. En boca el sorbo resulta pleno y con cuerpo, ágil y de fácil beber gracias a la buena dotación en acidez de la Barbera.
En boca reencontramos las notas hemáticas en forma de una vibrante mineralidad y con ellas todo el bouquet percibido en nariz, incluida la almendra que regala un final amargo que casa bien con la suavidad general debida a los taninos suaves y poco perceptibles. Vino amplio, intenso y muy persistente, lo encontramos hoy en un nivel evolutivo que lo hace listo y en evolución hacia la madurez. Para beber hoy pero capaz de expresarse durante varios años, podría deparar sorpresas para quienes saben esperar. Parafraseando la célebre frase de Horacio sugeriría: "¡Carpe diem! ...sin embargo, confiando lo más posible en el mañana", que viene a ser algo así como decir: ... ¡mejor comprar al menos dos botellas!





¿Qué opinas?
Inicia sesion para dejar un comentario