VINOS TINTOS
  • 5 DE NOVIEMBRE DE 2014
  • 11 min
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El Frappato: Sangre y Corazón de Sicilia

Hay una tierra que vive y vibra en el profundo mar y se refleja, se mira en el sol que sin tregua golpea. Y corre en su sangre, en la maestría de su gente, el arte de hacer vino. Y digo "hacer" porque hay una diferencia encendida en la comparación con el verb...

Mark Basilico

por Mark Basilico
Sumiller

El Frappato: Sangre y Corazón de Sicilia

Hay una tierra que vive y vibra en el profundo mar y se refleja, se mira en el sol que sin tregua golpea. Y corre en su sangre, en la maestría de su gente, el arte de hacer vino. Y digo "hacer" porque hay una diferencia encendida en la comparación con el verbo producir. El hacer es de las manos sabias, y hablo de manos antiguas, que forjan la uva como espadas de defensa y no de conquista. Hablo del esfuerzo que no se somete al nombre en la etiqueta, el hacer para uno mismo antes aún que el trueque por dinero. Me gusta quien planta y cosecha, quien pone la pasión. Quien a la tierra sabe dar antes de exigir.

Estamos en las cercanías de Modica... Casi casi me escaparía hasta allí. La tentación de probar en el paladar un buen trozo de "ciucculatti murucanu" me deja afligido por no querer llevar a buen término el propósito de consentirme con el gusto. Dulce regalo, al parecer, de los Españoles y no tan lejano de los Aztecas, en una especie de ciclo que claustrofóbico no encuentra paz.

¿Vino y Chocolate? Maridaje de difíciles compromisos, frontera difusa entre atrevimientos y audaces contorsionismos, pero aún no ha llegado la hora de hablar de ello. Como de costumbre, ya me pierdo en mil digresiones sobre el tema, sublimes vejaciones a las que sucumbir.

Habría barricas enteras que arrastrar conmigo por estas áridas tierras, pero a pesar de mis desvelos por los Rosados, no hablaré del Cerasuolo di Vittoria. El Cerasuolo para mí es el de Abruzzo y nada chirría en este decir con su contraparte siciliana; se trata de mera infatuación juvenil y no de ningún tipo de apego exagerado y tendencioso por un lugar, ya sea natal o de adopción.

Encajado entre los dedos, un racimo de Frappato. Destellos de violeta se desbocan subyugando un carmesí escueto, semejante a un Caravaggio.

Una variedad antigua, arcana, de incierta origen, que la convierte en esclava del encanto y aún más del misterio. Se vislumbran intrigas de corte, confesiones por arrancar, gritos de batalla e invasiones. Cada gota suya pinta la apariencia de enfrentamientos y luchas, como si cobraran vida los "Uomini d'arme" del Bramante, que tras el estruendo del hierro se sacian de olvido.

Decanto un Frappato de la Sicilia Orientale, zona Ragusa. Un vino que no dudaría en definir delicioso en el contexto estival que todo más desenfadado nos devuelve, mermando con frecuencia el discernimiento de las cosas. Prudencia y buen sentido dispersos.
Uva extrovertida, autóctona, reelaborada para existir en el hoy. Los métodos ancestrales conviven con el presente convirtiéndose en su esencia, cambiando su identidad. Agua, tierra y fuego aquí se fusionan.

Tejido en tal Contrada da Bidini, es un vino hijo de Sicilia que va más allá de cualquier lugar común. Un tinto elegante pero sanguíneo, hialino y al mismo tiempo pronunciado; hay quien diría "fácil" y si con ello entendemos auténtico y sincero, estoy de acuerdo. Nacido en el terreno arenoso y lleno de cromatismos típico de Vittoria, bajo la égida de Poseidón y a poca distancia de las aguas cuyo significado captura, este Frappato es jovial.

Es un vino del hacer, obrero en el concepto, noble en la cata. Puede emanciparse de los alborotos y los caprichos del protagonismo. Reconcilia al hombre con su tierra, que sin depredar toma lo que puede tomar. Hay reciprocidad.

"Il Frappato" de Valle dell'Acate, producido con la homónima variedad, en pureza, es un vino joven, colmado de aromas y rebosante armonía. Afinado 6 meses en acero y 3 meses en "vidrio", sabe mantener inalterados sus perfumes. Fragante, pujante, brota vivaz, lozano.

¿Un vino en pureza? Podemos decir que un vino es concebido "en pureza" cuando se elabora a partir de un único tipo de variedad. Se contrapone al "uvaggio", la mezcla, en la que se utilizan diferentes uvas.

La cantina propone 7 tierras para 7 vinos. Y la tierra del Frappato es negra y esconde en sí algo primordial, pero también huele a purificación con ese manto oscuro sembrado de guijarros de tinte blanco y raíces que descienden profundas.

El Frappato hay que degustarlo más fresco que cualquier otro tinto, para mí su virtud. Concilia el calor de agosto con un aporte no excesivo en graduación alcohólica.
«Siendo los razonamientos largos y el calor grande, ella hizo traer griego y confites...». Decamerone, Giornata Seconda, Novella Quinta. Para citar a quien entiende de placeres.

Es el momento justo para arriesgarse a dar un salto al pasado, un tirón en el ir y venir del vivir cotidiano, sí pequeña forzadura, pero inocua, dulce, dulcísima distracción.

Escribí tiempo atrás, en mi decir: «Pero esa es otra historia...». Le quito los adornos, descarto lo que cruje. "Aquí está".

Hace días y días, en un no sé cuándo y en un no sé dónde, sesgada es la memoria que del recuerdo se aleja, mentirosa y taciturna, una implicación emocional hecha de sabores y estremecimientos y deslumbramientos ante la inercia del no querer concederse, me ha invadido con ímpetu.

…Habíamos quedado en barquitas de vetas rojizas, hechas de papel solo en apariencia, entretejidas con filamentos de delgada madera a modo de Origami Nórdico, sobre las que navegaban trozos de salmón ahumado como fuselajes resoplando poesía estudiantil.

Mares y hielo, primer presagio de tormenta. Cuerpo y mente en agitación. Y velas, cada vela de un antiguo velero que el viento inhala y empuja, soplo de borrasca y movimiento de ímpetu que el ánimo cierra, acoge y transforma. Lienzos de un blanco ceniciento, por ahora imberbes, para pintar con el toque simple de la mano, con dedos impregnados en la bebida de los Dioses usando el vocabulario de la inconsciencia. Se ramifica mi pensamiento hacia innumerables direcciones, de pronto carentes de sentido, pero cataclismo de voraz sed que debeler con copas rebosantes de tanino.

Tiendo a privilegiar los platos de pescado enriquecidos con una o más botellas de tinto llamativo. Ninguna extravagancia, habitual chanza sin concesiones a las modas, sin imitar las nuevas tendencias. Premisa la cautela, y a veces no basta, el único consejo es el de atreverse. El arrojo paga. El arrojo viene comiendo.

Hay que favorecer vinos desenvueltos, desinhibidos, de amplio bouquet, en fin aquellos "perfumados de arcoíris". En el frente de los maridajes, para cambiar de rumbo, el Frappato es el aperitivo perfecto, con mayor razón en esos minutos interminables en que se espera el almuerzo o aguardando el atardecer cuando una pequeñez falta al caer de la tarde y nos recreamos con una cena refinada en la penumbra de una vela. Casa bien con queso curado, "caciocavallo ragusano" y embutidos, pero su gracia merece mucho más. Algo más agresivo, salsas ácidas y menos indulgentes y un picante en retrogusto. Mucho picante, profiteroles salados con crema de espárragos y panceta chispeante y espuma fluida de setas y trufa.

Pero yo quiero enamorarlo del mar...
Pescado crudo, Sushi y Sashimi, para saciar la ebriedad de lo exótico prescindiendo del ya banal "Makizushi" probando el de cuenco al estilo de "Edo", con ingredientes esparcidos con arte sobre el arroz a la manera del Sol Naciente. E Italia, mucha Italia con el "Tonno Rosso di Sicilia" tratado a bresaola y el pez espada del "estrecho" a carpaccio, sabor de Egadi y Favignana.

Una tartar de gamberi rossi en salsa "cítrica" con migas de pan casero tostado al horno con aceite y albahaca. Espolvoreada de pimienta negra recién molida, ¡y listo! O para quien ame deleitarse con los contrastes, lo ácido y lo dulzón, una tartar también de gambas o langostinos o vieiras o langosta, con apio y manzana verde... Ofrecidos en cucharas de aperitivo, al estilo finger food.
Con el pescado, el Frappato debería servirse más frío de lo normal, en copas amplias, a unos 15°C bajando quizás un poco más todavía.

La Propuesta Indecente... Estoy pensando en una transgresión de ultramar, en esas barquitas de salmón tan arduas de maridar. Un poco fusión, un poco fashion.

Aquí está, el salmón. Soberbio si ahumado, superlativo si marinado, marinado-ahumado y para qué decirlo.
Démosle énfasis acompañándolo con un manjar de hierbas, mostaza aromática, eneldo. Es un leve tentempié... Luego gambones flameados al Armagnac con polvo de cacao sobre lecho de naranjas y algunas ostras de acompañamiento. Ostras. Crustáceos. Cacao. Y Caviar...

Afrodisíaco.

Agradable, sí agradable. No hay palabra que mejor pueda identificarse con la sensación que te baja por la garganta. Reconfortante el abanico visual. De color suave, un purpúreo esbozado, diáfano brillante. En la copa se presenta con un rubicundo claro, transparente, de halo exangüe, que suscita al olfato una efervescencia agradable, efecto de afrutado y vivacidad.
Mucho rojo, un rojo gracioso. Rojo de cereza y fresas y un llamado que sabe a florescencia para seducir un rosal que florece. Sí fresitas y moras, pero también arándanos, pero también frambuesas. Son aromas de pequeños frutos de baya más oscura, los que encuentras en el bosque, rozándome la boca. Presentimientos que recuerdan algunas especias, especias no ásperas y té para fermentar.
Es el conjunto lo que lo distingue, con una nariz de guinda en aguardiente, lirios y diría salvia, y destellos salados del Mediterráneo en un final limpio y sabroso. Te atrapa despacio, esencial, para luego de repente desorientarte con una nunca empalagosa explosión sensorial que se convierte en alegre persistencia.

Me seduce su olor. Perfume de granada mezclado con nostalgia. Aturde mientras te demoras no en el beber, sino en la contemplación de esta fragancia, que el aliento acompaña. La nuance olfativa, desprendida sin escatimar, no podrás olvidarla.

No es que sea el mejor, no es que deba serlo. Mi predilección se sitúa más allá. Es en la ocasión, a cada uno la suya, donde adquiere valor. Lo elegí en su papel de "Dama de Compañía" o mejor aún como mi "Dama de Acompañamiento" por su delicado acercamiento a los sabores del mar. Un sorbo chic por menos de Euro 10.

El sol lentamente cae entre las montañas, que desde aquí parecen algo cansadas, adormecidas quizás por una niebla ligera que despacio las sumerge dibujando contornos que saben a cuento.
Me sirvo una segunda copa. El vino alegra mis sentidos haciéndome parecer aún más desapegado del plano material de la conciencia. Es fresco. Lleva en sí toda la frescura del verano o de esos primeros indicios de otoño cuando el sol casi prendado por el giro de las estaciones, aún nos calienta alma y corazón, con ese toque de melancolía agridulce que nos dice susurrando apenas, que las horas alegres del calor están por terminar.

«A penas querría cambiar este mi vivir dulceamargo».

Inquieto detengo mis pensamientos. Quiero sentir todavía mío este instante, postergar más allá de lo posible el irremediable advenimiento del invierno que yo en el fondo amo, entre los blancos malentendidos de la nieve, flecos de escarcha y rocío, y la luz que desde arriba diferente cae, no más bella ni menos bella, solo prona al legado que está por dar a la primavera ya inminente en mi desear. Y es consciente la primavera de embridar los últimos sobresaltos del invierno que se rinde y muere.

Susurro al azar alguna otra frase del Petrarca para animar el espíritu, y echo una última mirada al lado que hace de contrafuerte a las montañas, para ver de nuevo el mar que el cielo despejado hunde en un todo con el horizonte.
Un velo de lluvia se disuelve, como si nunca hubiera existido tormento, casi un regresar a casa de esa agua que el cielo desde lo alto aquí abajo vierte.

Un sorbo más... Y que comience el sueño.

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