La Tenuta di Fiorano, situada en las cercanías de la Via Appia Antica, es un rincón particularmente hermoso de la campiña romana a los pies de los Castelli Romani. Los terrenos de origen volcánico, con buen drenaje y ricos en minerales, y la distancia relativamente próxima al mar hacen de estos lugares un sitio ideal para el cultivo de la vid.
La bodega tiene sus orígenes en la primera mitad del siglo pasado gracias al Príncipe Alberico Boncompagni Ludovisi, quien, al igual que Mario Incisa della Rocchetta en Toscana –el creador del Sassicaia– y con la asesoría de Tancredi Biondi Santi –de Tenuta il Greppo en Montalcino– decidió plantar Cabernet Sauvignon y Merlot para producir el Fiorano Rosso, el primer vino de la cantina.
Posteriormente entró en contacto con Luigi Veronelli, quien elogió sus vinos y, sobre todos, el Fiorano Rosso. Un vino tinto de estructura muy elegante y compleja, capaz de soportar el envejecimiento enriqueciéndose en fineza. La bodega se convirtió pronto en un referente de primer orden del vino capitalino, una de las pocas cantinas donde realmente se hacía altísima calidad en todo el Lazio.
La producción cesó en 1998 cuando el Príncipe decidió repentinamente arrancar casi todos los viñedos. Sin embargo, al año siguiente cedió la Tenuta di Fiorano a un primo suyo, el Príncipe Paolo Boncompagni Ludovisi, quien junto a su hijo Alessandrojacopo comenzó a ocuparse de la bodega. Paolo y Alessandrojacopo adquirieron los derechos de plantación de Alberico y siguieron fielmente sus indicaciones sobre los clones a emplear y sobre la gestión biológica del nuevo viñedo, hasta las operaciones de vinificación en la cantina. Hoy, tras la sucesión definitiva de la propiedad, la Tenuta di Fiorano se extiende por más de 200 hectáreas que, además del viñedo, incluyen el olivar, los terrenos destinados a cultivos de secano, los pastos y la histórica cantina.
Las vides han sido plantadas con el sistema de espaldera, la poda en cordón esporonado. La exposición de suroeste a noreste permite la perfecta iluminación del viñedo a lo largo del día. Los vientos que soplan desde el mar y desde las colinas de los Castelli ayudan a mantener la integridad de las uvas. Además del Fiorano rosso, vino del que hablaremos hoy, la bodega produce otro tinto, el Fioranello rosso, y dos blancos, el Fiorano bianco y el Fioranello bianco.
El Fiorano Rosso se obtiene de uvas cabernet sauvignon y merlot. Todavía hoy, tras la vendimia manual, las uvas se prensan a mano. Las fases de vinificación se llevan a cabo en la antigua cantina. Después, el vino por gravedad llega a la Cantina Storica, donde se siguen las fases de crianza en tradicionales barricas de Slavonia de 10 hectolitros y el largo reposo en botella.
De color rojo rubí intenso y vivo, el vino es concentrado y consistente. Perfil olfativo complejo y articulado, con una apertura de bayas de enebro y balsámico, notas profundas y austeras de humus, musgo y raíces de regaliz. Al fondo, una fruta roja madura de arándanos y cassis, destellos de pimiento con un cierre de sotobosque, grafito y quina de gran belleza. En boca se descubre lentamente, inicialmente suave con taninos sedosos, mostrando luego su exuberante acidez y su carácter más austero ligado sobre todo a la mineralidad, con retornos de regaliz y pedernal que perfilan una persistencia larga y coherente.
Es un gran tinto, rico, elegante, de estructura compleja y agradable persistencia. Tiene una larga vida por delante y podremos degustarlo en los próximos 15 años con la certeza de su favorable evolución en el tiempo. Sin duda, merece la pena probarlo acompañando un gran asado.





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