El Ruché es a Montalbera lo que Montalbera es al Ruché. Ha sido un verdadero desafío, podemos decir ya ganado, dado que el vino es reconocido por el mercado y en 2010 incluso obtuvo la codiciada DOCG. Aunque en la bodega se elaboran otros vinos, desde la Barbera al Moscato d'Asti, desde el Grignolino al Barolo que hemos degustado y reseñado, es innegable que la bodega está indisolublemente ligada a la sorprendente variedad autóctona ( más información en la entrevista a Montalbera ).
"A menudo me he preguntado cómo poder realzar las peculiaridades que la versión tradicional del Ruché me ofrecía. Elegancia, sedosidad, aromas que debían orientarse hacia una evolución menos aromática" nos dice Franco Morando. Y así se embotellan las añadas 2006, 2007 y 2008, en las que se afirma el Ruché Laccento, producido en viña con la simple sobremaduración directamente en la planta. Sobremaduración que dura entre 10 y 14 días según la añada. "Luego el amor que ponemos en el trabajo, con muchos blends de vinos con una parte procedente de uvas pasificadas, me llevó a definir el de las últimas 3 añadas: con la sobremaduración de un 5-7% de uvas pasificadas directamente sobre cañizos en cámara termoacondicionada durante un período que va de 40 a 60 días. Esta duración la decido yo en función de la añada y de la acidez analítica del vino".
El resultado es único. Degustando el Ruché LACCENTO 2012 nos damos cuenta enseguida de la gran clase de este vino elaborado solo en acero. Oscuro, impenetrable en la copa, rojo rubí intenso, presenta claros aromas florales de violeta y rosa, además de frutos del bosque. En boca sorprende por su suavidad: el calor de sus 14 grados alcohólicos está equilibrado por un componente fresco-tánico bien presente. Vino ya en equilibrio y plenamente disfrutable.
Pero aquí no termina todo. La siguiente versión del Ruché puede considerarse una auténtica "apuesta". Hoy la doctrina enológica desaconseja la crianza en madera del Ruché, porque ello implicaría una evolución de los aromas que ya no sería reconducible a la gran tipicidad del Ruché.
"Hemos viajado mucho, sobre todo por Francia: quería una madera delicada, elegante. Hemos hecho muchas, muchas pruebas, diferentes maderas y diferentes blends. Al final encontré buenos resultados cualitativos con las maderas procedentes de la región francesa de Allier, maderas con grano muy fino y tostado light", nos cuenta apasionado Franco Morando, "pero el mundo de las maderas es un descubrimiento continuo, es una locura de estudios que muchas veces son objeto de apuestas arriesgadas, también porque los resultados están siempre evolucionando dentro de la botella. Puede haber las llamadas maderas velocistas que lo dan todo enseguida, y quizás una madera que en el momento inmediato te parece vulgar y luego se revela de gran elegancia y singularidad después de años de botella". Así nace el Ruché Limpronta.
Degustamos entonces el Ruché LIMPRONTA 2010 que reposa durante 14 meses en toneles de Allier. Se presenta con un color rubí intenso, consistente con sus 14,5 grados alcohólicos. En nariz destacan las notas de frutos del bosque en confitura, aromas especiados y balsámicos en el final. Potente en boca, con retrogusto mentolado y una persistencia gustativo-olfativa que se mide en minutos.
Un fuera de serie que será capaz de brindarnos emociones al menos durante la próxima década.





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