Ya hemos conocido la bodega campana Colli di Lapio, dirigida con maestría por Clelia Romano. Descubrimos esta cantina cuando relatamos el maridaje de un risotto alla zucca con el Fiano di Avellino 2009, vino del que posteriormente reseñamos la añada 2014, un vino tan notable como que la cosecha no fue particularmente favorable para la producción de las uvas.
La bodega, fundada en la primera mitad de los años 90 del siglo pasado, está ubicada en Arianello, una pequeña fracción del municipio de Lapio, pueblo irpino situado a unos 550 metros sobre el nivel del mar. Lapio es uno de los pocos municipios donde se pueden producir dos de las tres DOCG del territorio, a saber, el Fiano di Avellino y el Taurasi. La presencia de bosques que evitan prolongados recalentamientos estivales, el clima seco y ventilado y las buenas precipitaciones facilitan también la producción del tercer vino de Origen Controlado y Garantizado de la Irpinia, es decir, el Greco di Tufo Alèxandròs, vino del que hablaremos hoy y que toma su nombre del tercer nieto de Clelia. Las características del territorio y del viñedo, situado en el municipio de Santa Paolina, en el área de producción del Greco di Tufo, determinan algunas de las condiciones óptimas para el cultivo de la vid.
El suelo calcáreo, rico en azufre y en muchos otros minerales, es sin duda ideal para un viñedo con plantas de más de quince años. La altitud típicamente colinar, pero también las importantes oscilaciones térmicas entre noche y día incluso en verano, la óptima orientación del viñedo hacia el sur, el favorable drenaje, son todos elementos que confieren a las uvas requisitos de particular calidad. Las uvas se caracterizan además por un proceso de maduración marcado por la gradualidad y por el gran equilibrio entre el contenido en azúcar y la acidez. Los bajos rendimientos (no superiores a los 80 quintales por hectárea) con una escrupulosa selección de las uvas en planta, los tratamientos de lucha integrada en el viñedo y la vendimia manual completan el cuadro de una materia prima de altísimo nivel.
Una vez llegada a la cantina, la uva es despalillada y, tras el escurrido llevado a cabo con la máxima atención, el mosto flor fermenta en acero inoxidable durante un par de semanas a una temperatura máxima de 18°C. A continuación, el vino madura en acero durante cuatro meses más antes del embotellado, durante los cuales se realizan de 4 a 5 trasiegos. La vinificación y la crianza en acero permiten realzar las características naturales de este vino, en la mejor tradición del territorio. Posteriormente, el Greco di Tufo Alèxandros reposa otros 4 meses en botella antes de salir al mercado. El resultado es un producto de calidad decididamente superior.
Ya hemos relatado otros Greco di Tufo de la zona, como el Greco di Tufo di Fonzone y el Sphera di Cennerazzo, todos vinos que se caracterizan por una evidente vena fresca y salina y una hermosa mineralidad. El Alèxandros tampoco escapa a la regla que distingue a los vinos de esta denominación. Pero veamos el relato del análisis gustolfativo.
Greco di Tufo Alèxandros 2016
De color amarillo pajizo, cristalino y brillante, presenta una nariz amplia que expresa sugestivas notas florales de flores blancas y amarillas como jazmín y retama, frutales de melocotón, almendra y fruta exótica, un soplo especiado de nuez moscada, con delicados matices de hierbas aromáticas, minerales y cítricos en el final. Sorbo suave y opulento, con una explosión de sabor gracias a la vibrante sensación fresca y salina –como ya se ha dicho– bien equilibrada por una bella suavidad y por una nota alcohólica de más de 13 grados, igualmente importante. Imponente la estructura, con un extracto seco de 24 gramos/litro, digno de un vino tinto. Convincente también la armonía general y, en definitiva, la finura del vino. Muy largo, cierra con una persistente estela mineral, realmente muy agradable.
Para beber de inmediato o también tras haberlo esperado algunos años, en la mesa el Greco di Tufo Alèxandros puede acompañar preparaciones de mar importantes pero también primeros platos con verduras, como risottos de espárragos o lasañas con bechamel y espinacas. Vale la pena probarlo también junto a quesos semicurados con sazonados moderados.





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