Aclaro que no soy un amante del Lambrusco.
Viví, a principios de los años ochenta, toda la parábola de este vino destinado, en contenedores, hacia los Estados Unidos, donde lo llamaban "Red Cola".
Eran los tiempos oscuros del lambrusco vendido a precio de saldo en la autopista, con tapón de plástico y sabor dudoso con anhídrido carbónico añadido. Sin duda, dicha política permitió a muchas empresas facturar y crecer, pero la calidad del producto se mantuvo, durante décadas, en niveles medio-bajos, aunque siguió siendo uno de los productos italianos más exportados en el mundo. Todos mis prejuicios sobre el Lambrusco se disiparon cuando, hace algunos años, llegó a mis manos una botella de Lambrusco Otello Nero di Ceci, que me impresionó por su peso, su cuidada presentación y su forma.
El asombro se transformó en maravilla cuando ese néctar, vertido en la copa, se me apareció en todo su esplendor. Este Lambrusco Otello de color rojo púrpura coronado por una espuma del mismo color. El olfato se presenta con claras y definidas notas de frambuesa, fresa y cereza acompañadas de efluvios de violeta y rosa silvestre. En boca entra suave y seductor, con taninos medidos y una agradable efervescencia. Un verdadero placer.
Era el año 2009 y la guía Duemila Vini de la AIS otorgaba, por primera vez en la historia, los 5 racimos a la Azienda Ceci di Torrile, en la provincia de Parma, por su Lambrusco Otello Nero 2007. Nunca un vino, obtenido de uvas lambrusco, había alcanzado la máxima puntuación, reconocimiento habitualmente reservado al Barolo o al Brunello.
Valiente decisión la del posadero Otello Ceci, en la baja parmense, quien ya en 1938 apostó todo por esta variedad de lambrusco, el Maestri, de color impenetrable e intensos aromas. La pasión por esta variedad se ha mantenido con el tiempo y ahora los nietos de Otello Ceci, entre ellos Alessandro, enólogo, continúan con dedicación produciendo esta perla de la enología italiana. La misma sensación de asombro volví a experimentar al beber, hace poco tiempo, la añada 2012 de este caballo de raza. Vendimiado en los primeros días de octubre, sufre una maceración sobre las pieles, a baja temperatura, durante 6-7 días para realzar sus perfumes y aromas. El posterior afinamiento y la toma de espuma duran 3 meses en autoclave siguiendo el método Charmat, operación que precede a la filtración y el embotellado. Un producto excepcional, especialmente si se vende a un precio no superior a los 8 euros.
Maridaje de amor para este vino lambrusco Otello, un buen Culatello o un Parmigiano Reggiano curado. Fantástico con el Cotechino. Prosit.





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