La última vez que visitamos la cantina Marramiero fue cuando contamos la verticale di Dante Marramiero, el Montepulciano Riserva y vino estrella de la bodega.
Hoy en cambio hablamos del Pecorino, vino blanco producido con la uva autóctona homónima que recuerda el evento fundamental de la vida abrucesa de la Transumanza. Cuando los pastores favorecían la migración estacional de los rebaños de ovejas en un amplio radio territorial, recorriendo particulares caminos naturales (tratturi), desde las zonas de colina y montaña hacia las costas marinas en la temporada invernal y en sentido contrario durante el verano, alimentándose de la uva "pecorino".
Ya hemos dicho que la cantina se encuentra a unos 200 metros sobre el nivel del mar, en una posición protegida por los 3.000 metros del macizo del Gran Sasso. Lo mencionamos cuando contamos el Trebbiano Altare 1996, vino blanco que ha atravesado magníficamente el tiempo. Descubrimos hoy que Marramiero logra hacer gran calidad también en los vinos blancos pensados para beberse jóvenes. Y es precisamente el caso del Abruzzo Pecorino 2014 en cata.
Las uvas provienen de viñedos cercanos a la cantina situados en el municipio de Rosciano, que por su composición predominantemente arcillosa, la exposición al noreste y las pendientes típicamente de colina, resultan ser altamente vocados para el cultivo de la vid. La atención y los cuidados agronómicos son máximos, caracterizándose por los bajos rendimientos por hectárea y la ausencia de productos químicos en el manejo del viñedo.
La atención y el máximo cuidado por los detalles continúa también en bodega, donde al respeto por la tradición se suman las técnicas enológicas más modernas. En el caso del Pecorino hablamos de la maceración con los hollejos durante 24 horas a temperatura controlada (10° C). Luego de la extracción integral del mosto, la consiguiente decantación en frío y la vinificación en acero inoxidable a temperatura variable de 12-18° C.
Catamos por tanto el Abruzzo Pecorino 2014, fruto de una añada nada sencilla que se caracterizó por un clima irregular, con lluvias y oscilaciones de temperatura tales que conllevaron una reducción de la producción para salvaguardar la calidad global.
El vino se presenta de un amarillo pajizo intenso, hermoso y cristalino. El aroma se caracteriza por sugestivas esencias de melocotón amarillo y fruta tropical, como piña, pomelo, mango. Notables también los aromas florales de acacia y los matices especiados de nuez moscada y pimienta blanca. Hermosa y muy evidente la mineralidad. Tras el primer sorbo, notamos enseguida la vibrante frescura, debida sin duda a los casi 6 g/l de acidez presente. El vino es seco con la justa graduación alcohólica (13°), en conjunto equilibrado, aunque no podrá sino mejorar en ese sentido con el tiempo. Larguísimo el final fresco-salino debido a la notable acidez, con retornos retroolfativos minerales, de fruta exótica y especias dulces.
Hemos servido este Pecorino a menos de 10° C acompañando felizmente una ricotta con noci e miele y una mozzarella di bufala. Pero también recomiendo combinarlo con primeros platos y elaboraciones a base de pescado.
El vino blanco ideal para este caluroso verano.





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