TERRITORIOS Y VARIEDADES
  • 22 DE NOVIEMBRE DE 2013
  • 4 min
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Explosiones de sabor: descubre los vinos volcánicos

El Soave en el Véneto, en el Lacio los vinos de los Castelli Romani, el Aglianico en Campania o el Moscato di Pantelleria. ¿Qué tienen en común estos vinos? Aparentemente nada, pero en el fondo, precisamente en el suelo, encontramos el denominador común que hace únicos a estos vinos...

Pasquale Testardi

por Pasquale Testardi
Sumiller y Catador

Explosiones de sabor: descubre los vinos volcánicos

El Soave en el Véneto, en el Lacio los vinos de los Castelli Romani, el Aglianico en Campania o el Moscato di Pantelleria.
¿Qué tienen en común estos vinos?

Aparentemente nada, pero en el fondo, precisamente en el suelo, encontramos el denominador común que hace únicos a estos vinos en el panorama enológico italiano y diría que mundial.
El suelo volcánico. Italia, a diferencia de sus vecinos de más allá de los Alpes, cuenta con una variedad increíble de uvas y de terroir, desde los viñedos extremos del Val d'Aosta con alturas que rozan los 1500 m. hasta las vides en alberello de Pantelleria azotadas por el viento.
Somos capaces de producir vinos en cualquier lugar accesible; basta con ir a Liguria, en los bancales arrancados por el hombre a la tierra, para ver pequeños teleféricos que se utilizan para transportar la uva hasta los puntos de recogida.

El Etna representa un laboratorio a cielo abierto de viticultura extrema para obtener vinos únicos de Nerello Mascalese en las laderas norte de un volcán en perenne actividad.
Los suelos volcánicos están entre los mejores para producciones de alta calidad precisamente porque expresan una complejidad y una sapidez difícilmente obtenibles en otras zonas, gracias a la riqueza en fósforo, magnesio y potasio que confieren a los vinos mineralidad y acidez.
Acidez entendida como frescura, atributo natural de los vinos volcánicos, preludio de una larga vida especialmente para la uva blanca.
Un Soave de Pieropan, de uva Garganega, hay que esperarlo algunos años y no os arrepentiréis de la espera.
El vino os regalará notas aromáticas de fruta tropical, cítricos confitados, tonos minerales y salinos.
Será fresco, sapido pero también cremoso y suave gracias a la sobria contribución de la madera.
En los terrenos volcánicos de los Castelli Romani, donde la Malvasia Puntinata se expresa en su mejor forma, nace el Santa Teresa de la Azienda Fontana Candida.
Un Frascati Superiore que roza los 14 grados con una nariz rica en cítricos, hinojo silvestre y notas de miel bien amalgamadas. Un vino hijo de su territorio y en particular de su terroir.
Suelo volcánico significa también suelo arenoso, originado por las erupciones, con producción de cenizas muy finas.
Con frecuencia, en estos terrenos, las vides son todavía de pie franco, no afectadas por la filoxera, un insecto que a finales del siglo XIX destruyó gran parte del patrimonio ampelográfico italiano y europeo.
Terreno que encontramos en Campania con la preciada zona del Vesuvio y los Campi Flegrei.
También la Irpinia es zona volcánica con el Fiano di Avellino, el Greco di Tufo, la Falanghina y el tinto Aglianico di Taurasi; Aglianico que encontramos en el volcán extinto del Vulture en Basilicata con vinos maravillosos por su complejidad y longevidad.
Si hablamos de Aglianico, permitidme decir dos palabras sobre el Taurasi Radici Riserva de Mastroberardino, una empresa centenaria que produce uno de los mejores tintos italianos.
Un Aglianico cuyas raíces se hunden en un suelo volcánico que nos regala un vino solar, con una fuerza evocadora propia, cálido, especiado, tánico y fresco.
Vino de largo envejecimiento, hijo del fuego.
El mismo calor que encontramos en el Ben Ryè en Pantelleria, un passito de la Azienda Donnafugata.
Esta joya nace en el viñedo de Khamma, protegido por muros de piedra seca, donde el zibibbo resiste al viento marino en hoyos excavados en suelo basáltico de origen volcánico. Un passito de perfumes nítidos de albaricoque seco, caramelo de cebada, romero y miel de azahar.



El vino se hace en el viñedo, nace del suelo, del viento que atraviesa las hileras, del calor del verano y del frío de las noches, del sudor del viticultor.
Ningún vino será igual a otro.
Un chardonnay de Borgoña ¿qué puede tener en común con el chardonnay siciliano de Planeta?
Nada, aunque la variedad sea la misma, los dos vinos tendrán su propia historia y su propio perfil aromático.
Es inútil contraponer variedades autóctonas a variedades internacionales, denominaciones contra denominaciones que crean confusión en el consumidor final; pero ya sería hora de hablar de vinos de arenas, vinos morénicos o volcánicos, porque como dice el Prof. Attilio Scienza, catedrático de Viticultura en la Università Statale di Milano:
"La calidad del vino está bajo nuestros pies".


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