Ya hemos hablado de los vinos de la cantina abruzzese Marramiero, que tuve la fortuna de visitar en abril del año pasado. La última reseña corresponde al Brut Rosé metodo classico, degustado en el restaurante romano Piero & Francesco y maridado con un plato de fusilloni con calamari e asparagi. Pero el vino que me hizo descubrir Marramiero fue el Trebbiano Altare 1996, degustado hace dos años, un vino cuyo recuerdo de integridad y belleza ha permanecido intacto con el paso del tiempo.
Y en Vinitaly tuve la oportunidad de participar en una vertical de Trebbiano Altare de los años '90. Cuatro añadas, desde 1994 (la primera de todas) hasta 1997, fueron presentadas junto a dos Trebbiano de solo acero del mismo período, el Anima 1996 y el Dama 1997. La degustación conducida por Francesco d'Agostino – director de Cucina & Vini – junto a Enrico Marramiero y el enólogo Romeo Taramborrelli, concluyó con una especialidad de la casa, el vino cotto Livia.
El Trebbiano con el que se elabora el Altare proviene de viñas de hasta 50 años de edad, plantadas a una altitud de más de 200 metros sobre el nivel del mar y bien protegidas por el macizo del Gran Sasso. El viñedo tiene una exposición al suroeste, con considerables oscilaciones térmicas entre la noche y el día, así como entre las estaciones.

El vino se concibe y se diseña en el viñedo desde las primeras labores. A tal efecto, las fuertes oscilaciones térmicas junto con la antigüedad de las plantas, el suelo caracterizado por la presencia de arcilla y tufo, el bajo impacto ambiental –gracias a métodos de cultivo respetuosos con el hábitat– y los rendimientos productivos inferiores a los 60 quintales por hectárea, son todas condiciones que favorecen el proceso vegetativo y la acumulación de aromas en los granos de Trebbiano. Y en definitiva, son los factores responsables del decisivo incremento del nivel cualitativo de la materia prima con la que se elabora el vino. Incluso la selección y la recolección de las uvas se realizan manualmente, en función del nivel de maduración de cada grano.
Al término de la vendimia, los racimos se transportan en pequeñas cajas a la bodega. Allí el prensado es suave y el mosto flor se traslada a barricas nuevas, junto con los hollejos y las pepitas, para llevar a cabo la criomaceración a unos 3°C. Al término del proceso, que contempla el uso de la madera durante 18 meses, el vino está listo. Y como demuestran las muestras presentes en la vertical, para ser degustado incluso después de veinte años.
Trebbiano d'Abruzzo Altare 1994
De color amarillo dorado, en nariz percibimos aromas de uva sultana, miel, tierra y palito de regaliz. Tras un momento, del vaso emergen también notas de mermelada de albaricoque y de fruta seca en el final. En boca percibimos una frescura dinámica que pone de manifiesto toda la vitalidad del vino. Cierra largo sobre notas de fruta exótica.
Trebbiano d'Abruzzo Altare 1995
El color amarillo ámbar ya nos indica que la evolución de esta muestra ha sido diferente. La impresión se confirma en el examen olfativo: junto a notas de flores secas y recuerdos afrutados de albaricoque deshidratado, percibimos claras notas esmaltadas, signo evidente de la edad del vino. El perfil gustativo denota una mayor debilidad, aunque la acidez sigue siendo nítidamente perceptible.
Trebbiano d'Abruzzo Altare 1996
Volvemos a tonalidades cromáticas doradas, con una hermosa luminosidad. Increíble la amplitud del perfil olfativo: aromas de almendra tostada junto a una fruta madura, con un albaricoque en mermelada destacado. Luego notas de eucalipto, de hierbas aromáticas, de miel de acacia y finalmente de hidrocarburos. En boca aún es nervioso, con una suavidad glicérica que compensa bien una acidez todavía muy presente. Largo el final balsámico. Como ya se dijo, había degustado el Altare 1996 hace dos años y es como si esos dos años nunca hubieran transcurrido.
Trebbiano d'Abruzzo Altare 1997
Vino de tonalidades aún amarillo dorado. El perfil olfativo recuerda mucho al 1994. De la copa emergen notas afrutadas, melocotón en almíbar sobre todo, luego albaricoque en mermelada. Después miel de acacia, notas mentoladas y almendradas en el final. Bella frescura en boca, con un largo final todavía afrutado.
¿Qué más podemos añadir? Es extraordinario cómo este vino logra atravesar el tiempo, con puntas de excelencia apreciables en la muestra de 1996, aún absolutamente íntegro y de rara complejidad. El Trebbiano Altare nos cuenta que ha sido elaborado con mucha sabiduría productiva pero también con un absoluto respeto por el territorio. Y sobre todo, que se produce utilizando una gran variedad abruzzese, el Trebbiano. La confirmación nos la ofrecen también los dos vinos de solo acero presentes en la degustación, el Anima 1996 y el Dama 1997, ambos aún disfrutables, teniendo en cuenta además que el Dama debe considerarse el Trebbiano base de la bodega.
Espero poder seguir participando en experiencias como esta.





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